
Sé de la Madre del Salvador
vírgenes prudentísimas
de rodillas llagadas de ceniza
del barro de las sandalias
de permanecer hincada hasta la hora de maitines
las vestiduras de mis santos
del silicio en mi boca hasta que mi rostro escampe
Nunca dejar de rociarte los pies con mis labios
Razones tiene tu voz que mis ojos sufren
de tus manos piedras de corazón enamorado
a la madre tierna
al gozo de la niña
al rostro de Teresa y la causa de su alegría
a las tapias de su primera noche en la celda
Dulce tormento de implorar no entres a mi casa todavía
pero ven cierra la puerta
No asciendas la escalera del locutorio
Entra
Y me niego muchas veces tres
y predico falsos que mi fuego es una zarza
y me nombro y reverbero con la lengua infinita de Dios
Sólo mi almohada es bandeja de plata en tu cabeza
siempre que aparece un ángel guardián
y con su báculo me coronan diosa
Y al fin baja tu voz a mis sentidos
cuando te digo en verdad que haré milagros
si tus finezas extravían mis amores
si tu primores esconden mi gemido
mi manzana en tu cuello
si tal vez mañana
la virgen desnuda te nombra no su hijo ni su amante
Ciñe tu sudario y parte donde el pan
donde el cuerpo
de mi mano la sortija será clavo de plata en mi seno
y aquellos dirán
Feliz vino
ciego te acogen las nietas de María
Etiquetas: Por: Rocío Ríos